Me dijiste que me querías, que podías imaginar ponerme los calcetines cuando estuviéramos viejitos. Me dijiste que fuera tu timón. Me enamoraste con tus palabras. Es así como llegué a las Tierras Mayas y acepté tu invitación. Mi vestido floreado rozando ligeramente mis rodillas, una maleta de color vino y las palabras de amor en las que insististe, me acompañaban a tu encuentro.
Trataba de ser mesurada en mis diálogos porque me daba miedo pensar que todo fuera una broma de mal gusto, pero no pude. Me hacías soñar, creer, elevarme a un momento maravilloso en el que podía visualizar mi vida contigo.
Llegué a Mérida y tu declaración de amor me dejó sin palabras. Quería besarte, abrazarte y decirte en ese momento –Acepto. –Acepto ser tu novia. No pude, mi alma necesitaba que la reconocieras, mi cuerpo que lo exploraras y mi oscuridad que la aceptaras. Te pedí que me conocieras durante mi estancia a lo que tu respondiste que me esperarías toda una vida.
En la Riviera Maya pasamos días; sentados sobre la arena. La luna alumbraba nuestros cuerpos. No había nadie alrededor; estábamos solos. Cada día que pasaba era un subtítulo de una nueva historia. Me enloqueciste con tus caricias. Conociste mi cuerpo. Me perdí en tu mirada. Me besaste lo más sagrado y te tomaste el atrevimiento de penetrarme en Luna Nueva, cuando la marea es roja.
Mi amor, ¿en realidad pensaste que me querías? No me quieres, porque no me conoces.
No sabes que sólo hago una comida al día y ésa siempre es la cena. Que soy adicta al café y lo tomo a toda hora. Que no sé cocinar pero por ti podría hacer todo tipo de manjares, ponerlos en mi cuerpo y darte de comer. Que detesto el refresco y en ocasiones el agua de sabor, prefiero tomar agua natural.
No sabes que mi posición favorita es en la que me estás abrazando. Que me gusta sentir tus dedos dentro de mí y después mirar que los pruebas. Que cuando me dices al oído que me sientes, mis sentidos explotan hasta llegar al éxtasis. Que me gusta tomarme fotos obscenas contigo y retratar todos los lugares que hemos visitado. He formado un álbum con el que me gusta masturbarme cuando las veo y no te tengo cerca.
No sabes que soy la persona más crédula de esta tierra, que creí en cada una de tus caricias, de tus palabras, de tu necesidad de amar y que por ello, no es feminismo lo que tengo, sino la sensibilidad a flor de piel de una real mujer.
Mi amor, si de verdad te interesara, sabrías que antes de hacer el amor me gusta acurrucarme en tus brazos como una niña, mientras me besas y acaricias mis muslos con tus cálidas manos. Sabrías que me dan ganas de hacer el amor contigo tres veces al día. La primera antes de que te prepare el desayuno para que vayas al trabajo. La segunda cuando llegues a casa, después de comer, como postre; para que todos en tu oficina noten la sonrisa imborrable de tu rostro. Y culminar el día con la tercera; comenzar a excitarte cuando vayamos al cine por la noche para que desees llegar a casa; recorrer el comedor, la sala, las escaleras y por fin llegar a la alcoba, y ahí recordarte que eres el hombre de mi vida.
Si me conocieras sabrías que hice ese viaje para que nuestras almas se reconocieran y no por querer tener a un hombre. Sabrías que cuando nos despedimos, no lloraba por dejarte. Lloraba porque al fin te encontré.
Amor mío. ¿Podrías seguir recorriendo las Tierras Mayas con alguien que no conoces?


