Hay acontecimientos que alteran de manera repentina el curso del universo.
Originalmente, este espacio estaba destinado a abundar en la obra del artista plástico Pablo Pezzini. Pero murieron, en el mismo día, Farrah Fawcett y Michael Jackson. Pezzini puede esperar.
Dos décadas perdidas.
Y la mejor muestra del ansia de novedad de los medios de comunicación.
A media mañana de este 25 de junio, la noticia destacada es la muerte de Farrah Fawcett. Por la tarde, es prácticamente borrada de los espacios informativos por el fallecimiento de Michael Jackson.
Y perdida, apenas retomada por una declaración de Hugo Chávez, la crisis política en Honduras.
Esta misma noche, busco la nota sobre la muerte de Fawcett. Relegada por el alud de información sobre Jackson: semblanzas, testimonios, recuentos de su discografía, datos casi olvidados como su nominación, en 1993, al premio Nobel de la Paz, una foto suya con Marcel Marceau…
Y por supuesto, la secuencia fotográfica sobre su transformación física y el infaltable video de Trhiller.
Lo vuelvo a ver después de muchos años. Para 1982, el rostro de Jackson ha perdido ya parte de sus rasgos originales: la nariz ligeramente afilada acusa una primera (¿o segunda?) cirugía.
Y un detalle que ahora se vuelve revelador: las transformaciones de Jackson, durante el video, en hombre-lobo y en zombie. Me pregunto si anunciaban el desarrollo futuro del cantante, su paso por incontables cirugías en busca de saltar la barrera racial; o el desplome de su carrera a partir de aquél largo juicio por abuso sexual de menores: ambas, transformaciones determinantes.
¿Qué marcó Jackson?
¿La lucha contra la discriminación racial en los Estados Unidos llevada al extremo?
¿Una renovación musical dentro del pop?
¿El inicio de los juicios contra presuntos pederastas (un tema tan de moda ahora)?
¿La nueva modalidad de la fama basada 50% en el talento musical y 50% en la capacidad de generar escándalos mediáticos?
Veo Trhiller nuevamente (Youtube reporta casi cuatro millones de reproducciones del video en dos años): un bailarín que se transforma en monstruo. ¿Profético acaso?


