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NÓMADA
2009-02-11 Hierbabuena
Welcome to Tijuana
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"Welcome to Tijuana, Tequila, Sexo y Marihuana… con el coyote no hay aduana" este es uno de los coros más famosos y pegajosos para describir una ciudad de paso que se encuentra en la frontera norte de México y que se abre para los hombres que han decidido que el porvenir tiene forma de sueño americano.
Rodeada de montes, con un clima extremoso, la ciudad de Tijuana, conforma una de las fronteras más transitadas del mundo. Los carros se enfilan kilómetros antes de "la línea" -como suelen decir los que con documentos logran pasar al "otro lado"- y la gente que transita pareciera imitar al movimiento ordenado de las hormigas.
En la avenida Revolución, se consigue de todo: pases, mujeres, tequila, comida, coyotes y una bonita postal de un burro con sombrero de ala ancha y jorongo de colores. The revolution street, como la llaman los güeros es mejor si se paga en dólares. Aquí nacen los estereotipos que han inspirado a películas, novelas y que se reproducen en la realidad sin saber cual fue el origen del personaje. La zona antigua, se acerca más a la idea de pueblos fantasmas, mezclada con un toque de abandono y desinterés. La calle primera, segunda y quinta, son tan silenciosas que la mayoría de los turistas no reconocerían ante la falta de bullicio que produce la fiesta de la revolución.
Los ruedas, mercados de antigüedades y cosas usadas, es uno de los atractivos más fuertes de los que disfrutan de las compras en bazares de pulgas. Ubicados en varios puntos de la ciudad, ofrecen cosas inusuales que van desde 5 pesos hasta varios miles; los caminos de objetos, se extienden por varias calles a la redonda. A pesar de encontrar en muchos lugares los famosos tacos de carne asada y burritos, es en los ruedas donde se disfrutan de manera excepcional al ritmo de música de banda.
Las calafias, burras y taxis colectivos, comunican al centro con el resto de Tijuana. Los cerros han sido mutilados para levantar conjuntos habitacionales, casas de madera o cartón, aquí el mejor mañana no ha llegado y la gente se ha olvidado hasta de ella misma. Hay heridas que no se curan con el tiempo, y estos lugares con el tiempo se hieren mucho más. Porque Tijuana ha sido, para algunos, la trampa llena de esperanza.
Muchos de los habitantes, que han sido atrapados por el manto invisible de la tía Juana, se han convertido en lugareños encantados de los extremos y de la adrenalina misma. Hay algo misterioso que invita a quedarse, no solo de paso sino un poco más, dejando en puntos suspensivos el sueño americano, acompañado de una patrulla fronteriza.
Tijuana, se ha robado las estrellas de la noche entera, los mares le han llorado tanta contaminación y sin embargo permite la salida a senderos menos habitados y poco transitados: la rumorosa, la bufadora, el camino a rosarito y los grandes campos de viñedos, son sitios que conjugan la soledad y la audacia de la naturaleza. Tijuana no es el norte de Baja California, siempre hay más, donde se puede observar el paso de las ballenas, escuchar al viento feroz y jugar con el frío del mar de cortes.
Fotografía de Rafael Dorantes
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