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AVIZOR
2009-01-31 Miguel Angel Andrade
Cámara de tres pistas
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Instantáneas del Circo Beas
Para bz*, en su cumpleaños
Desde los inicios de la fotografía el espectáculo ha sido uno de sus temas principales. Tanto para moda para el retrato, la pista circense de luces y estrellas es paisaje fértil para la cámara. La mirada fotográfica encuentra en estos actos de audacia y valentía instantes que bien reflejan la condición humana como el ingenio y carácter de las culturas.
En la época moderna la calle engendra el espacio público por antonomasia. Una cultura que ha logrado apropiarse de la calle para su diversión y regodeo, muestra siempre indicios de salud moral y cívica.
La fotografía se permite mantener y transmitir estos actos ya sea desde la pista improvisada en la calle o desde los sitios destinados enteramente al espectáculo. Por ejemplo, las fotografías de Guillermo Robles Callejo nos cuentan sobre la Puebla de principios del siglo xx, además de formas de representar lo exótico y lo lejano. Imaginemos a Guillermo ansioso de guardar imágenes, jugando y haciendo de la realidad un museo cotidiano para observar en la pequeña caja de la tercera dimensión.
Leyenda, color y poesía, el circo es también una tragedia perpetua, una pista para la muerte. ¿Acaso existe algún ornamento más cercano al ornato humanista la mujer florero? ¿Qué podemos exigir a esos trapecistas que todas las noches vuelan tras el velo de la muerte? ¿Cómo no asombrarnos con ese ballet de furia y oro que es la danza de los tigres?
Desde el circo romano hasta, valga la rima, el Circo Atayde Hermanos , la literatura y la poesía han encontrado el circo una orilla de color, suspenso tensión y sorpresa.
El circo es, sobre todo, un zoológico interactivo donde podemos mirar y hasta tocar las especies más simpáticas de la imaginación divina. Las llamas y su saliva inagotable, los elefantes y su elegancia arrugada.
El vuelo sin alas de los trapecistas, los jinetes y su equilibrio de sorprendente. Nada nos acerca más a lo imposible como el circo. Nos basta mirar a los malabaristas que juegan con pelotas como si fueran variables perfectamente ordenadas en el universo.
El payaso, ese espejo de risa y tragedia que oculta tras su máscara de pintura loas más opuestas historias y anécdotas.
Gracias a la fotografía hoy conocemos a Max y Adelina Grumer, con su "colección de Elefante, Caballo y Perro Danés", siempre atentos y elegantes, dedicados a la fineza antes que a la ostentación.
El impasible y valiente Enrique Welter en la jaula de los Leones africanos se nos presenta como un cazador retirado que ha hecho de sus presas un trofeo doméstico y viviente para asombro de los incrédulos.
Gracias, también, al asombro de Robles Callejo podemos mirar de cerca a los "aplaudidos y célebres Clowns, Cara Suciatoto y Rabanito", Canguros, Osos, Cebras y Mulas, "Trapecistas, Ciclistas, Volteadores, Contorsionistas, Malabaristas, Barristas y Mandibulistas".
La Fototeca Antica guarda en nuestra memoria un espejo de la luz que ya se ha ido, esa Puebla que ahora evocamos mágica y sorprendente, cada año recibía la visita del Gran Circo Beas, con su caravana de artistas y leones, canguros, osos, payasos y extraños seres salidos de la ilusión. Cada año, el Gran Circo Beas hacía su triunfal recorrido por las calles de la ciudad mientras el lente de Robles Callejo captaba la algarabía y el entusiasmo de la gente que los recibía con gran expectación. En las imágenes de Robles Callejo encontramos el asombro y una previsora distancia ante sus modelos para no alterar el aura mitológica que los revestía.
Silencio, señoras y señores, esta noche nos hemos reunido para presenciar el número principal de esta carpa. Pido su atención y los dejo, desde la antigua Puebla, desde el fondo de la mirada de Guillermo Robles Callejo, con el gran Circo Beas.
*La exposición El Gran Circo Beas permanece hasta el 11 de febrero en Galería del Palacio Municipal, Portal Hidalgo 12, Puebla, México.
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